Nadie quiere ver una rata por su calle y el control poblacional de las mismas es admitido sin duda porque portan enfermedades infecciosas.
Ahora ves una piara de jabalíes rebuscando en los cubos de basura enfrente de tu casa a las afueras de la ciudad y ese control poblacional está penalizado por determinados grupos (aunque te pueden atacar y herir gravemente).
A donde quiero llegar es que el control poblacional en los entornos colonizados por los humanos es necesario independientemente de la especie de la que se trate.
Hecha esta introducción, volvamos a las ratas. Me refiero a las ratas de alcantarilla. Estos días se publicaba un artículo muy honesto (sin sensacionalismo y completo aunque bajo muro de pago) sobre las llamadas coloquialmente «super ratas» que están presentes en nuestras ciudades.
Este apelativo corresponde porque se han hecho resistentes a los raticidas simplemente por selección natural. Siendo sinceros con las ratas, nunca se ha podido acabar con ellas (si es que se ha pretendido) y siempre se ha tratado de control poblacional.
El problema es que este control mediante determinados venenos ya no funciona. ¿Significa eso que estamos perdidos? No, al contrario, abre una puerta a un control poblacional más basado en estrategias de reducción de nacimiento de nuevos ejemplares que no afecte a la cadena trófica y no perjudique a otros animales que se comen a las ratas.
Esta es la clave de hoy: para todo control poblacional debemos buscar aquél que no afecta a la cadena trófica y que por tanto no afecte a otras especies que se alimentan de ella.
Ejemplos de estos controles de plagas en agricultura hay muchos. Pero eso, otro día.
Nada más por hoy. Espero que compartas esta edición en tus RRSS o por correo a quien le pueda interesar.
¡Hasta pronto!